El último libro que he leído ha sido "Crepúsculo". Anteriormente a tomarlo prestado de la biblioteca, lo había tenido en mis manos dos veces pero aunque la portada me atraía, los vampiros nunca han sido santos de mi devoción. Debo decir, a mi favor o en mi contra, que las portadas de los libros, su diseño y su nombre son muy importantes para mí. Y no es que sea una campaña a favor del márqueting puro y duro sino que los colores y las palabras forman mandalas para mis ojos e, instintivamente, algunos libros me llaman más la atención que otros, lo cual no quiera decir que me rija por esa premisa para escoger mis lecturas.
Sin embargo, tanto he oído hablar de él que en mi penúltima visita a mi sancta sanctorum municipal, lo ví y no puede resistirme. Así pues, me lo llevé.
La verdad es que la autora, nacida en Connecticut y educada en Phoenix (Arizona) tampoco me sonaba de nada y no tenía ninguna referencia de ella. Con todo ello, preferí no investigar sino sumergirme en esta nueva "reinvención del mito del vampiro".
Y ¿qué puedo decir? Me he enganchado a la historia de amor adolescente de Bella y Edward. Es una pareja joven, bella y peculiar.
Bella se ha trasladado al pequeño pueblo de Forks con su padre Charlie, al que no ve desde hace tiempo y con el que intentará establecer una vínculo y una comunicación más estrecha, desde la cálida Phoenix porque su madre, inmadura y alocada, mantiene una relación con un jugador de beisbol con un jugador de segunda fila y no puede ofrecerle una estabilidad.
En este pueblo, pequeño y lluvioso, donde todo es nuevo para ella, se enamora prácticamente desde su primer día de instituto de un pálido, callado, ojeroso y extraño joven. A partir de aquí, se empezará a establecer una relación entre estos dos personajes.
Admito que hacía mucho tiempo que mi vena romántica adolescente no emergía a la superfície pero esta novela, sin grandes pretensiones pero con mucho halo de misterio, me ha divertido y me ha parecido una lectura ligera. Quizás edulcorada y repetitiva, en algunas ocasiones, pero que no deja indiferente. Se lee rápido y tiene un buen "tempo" con mucha acción e intriga. La prosa es muy clara y directa lo que facilita que tengas ganas de saber más de la familia Cullen y de los peligros que corre Bella al relacionarse con el guapo Edward. La autora consigue que te sientas en un clima de tinieblas y claroscuros, de emociones contenidas y muchos toques de fantasía que poseen la capacidad de llevarte a los frondosos bosques de Forks (Washington) donde transcurre la historia.
Los protagonistas plantean las típicas problemáticas de la adolescencia como el miedo, el sentido del ridículo, la inseguridad, etc. El personaje de Bella es el de una chica de diecisiete años, tímida, discreta, sentimental mientras que Edward es más superficial pero tras su fachada marmórea, evoluciona lentamente conforme su corazón se abre a los sentimientos que tiene por Bella y nos muestra sus angustias y sus tormentos pr ese amor imposible. ¿Puede un vampiro enamorarse de un humano y, siendo un depredador, renunciar a esa condición por su amor? ¿Puede controlar sus instintos para evitar la muerte de su pareja? ¿Es el amor tan fuerte?
Por todo ello, ya estoy leyendo la segunda parte, "Luna Nueva". Aunque algun@s pueden pensar que es una novela puramente juvenil y escrita pensando más en un colectivo femenino que en uno masculino, no creo que sea así. Puede llamar la atención de cualquier adulto al que le guste la fantasía y tenga ganas de leer sobre vampiros en un estilo completamente diferente al de Anne Rice.
Os invito a atreveros con esta novela, bastante sólida y bien trazada que nos situa en una realidad actual pero que sabe conjugarla con pinceladas góticas y una historia intimista.
Ah! Por cierto, próximamente empezará el rodaje de la película basada en la novela que promete una trilogía de éxito asegurado.



